domingo, 2 de septiembre de 2018

El viento se detuvo, quedó quieto, envuelto en el éter espeso; sin movimiento alguno; su densidad lo hacia muy pesado difícil de respirar; la sensación producida apretaba como una prensa; era como si el movimiento de rotación se hubiese detenido y callado todo susurro, todo tornado, toda brisa; cualquier molécula del aire se detuvo en ese instante; entonces, los chubascos de la mente comenzaron a caer, alterando todo orden que al pensar se hubiesen podido crear; de pronto las sinapsis se inquietaron comenzaron a desequelibrar el proceso. Los susurros no llegaban y el sonido no generaba comunicación, era tal la magnitud de la paralización del viento que hasta las motas ínfimas de polvo se quedaron estáticas en ese espacio sin viento. 
Lentamente hizo presencia el silencio perfecto, acomodándose en su trono de quietud ausente de sonidos.
Había comenzado el fin de la génesis.

Toni Malaver
13-10-2016 

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